Depresión en niños y adolescentes, ¿cómo reconocerla?

Cuando hablamos de depresión a la mayoría de nosotros nos viene a la mente la imagen de una persona triste y decaída, puede que también lo asociemos al llanto y a una actitud desganada, pero la depresión no es solo eso. Y mucho menos en el caso de los niños y los adolescentes, en los que las manifestaciones de un trastorno del estado de ánimo como la depresión van mucho más allá de una simple tristeza y llanto excesivos.

¿A qué nos referimos exactamente cuando hablamos de “depresión”?

En el lenguaje cotidiano estamos muy habituados a escuchar frases como “hoy estoy deprimido/a, no tengo ganas de nada” o “llevo unos días un poco depre”. Esta sensación de tristeza que todos podemos tener de vez en cuando no es equivalente a un trastorno del estado de ánimo, entre los que se incluye el trastorno depresivo mayor.

El trastorno depresivo mayor (la “depresión que conocemos”) forma parte de un conjunto más amplio denominado trastornos del estado de ánimo o trastornos depresivos. En este grupo se incluyen varios trastornos, que pueden variar dependiendo del sistema de clasificación diagnóstica en el que nos basemos. Me explico: en psicología, existen diversos sistemas de clasificación diagnóstica, es decir, existen diferentes clasificaciones de los trastornos mentales, elaboradas por diferentes organismos. Estas clasificaciones coinciden en su mayor parte, aunque en algunas ocasiones difieren en cuanto a los trastornos o problemáticas que incluyen bajo determinada denominación o que agrupan bajo un mismo conjunto. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud elabora la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), que recoge los trastornos mentales en su quinto capítulo. Por su parte, la Asociación Americana de Psiquiatría elabora el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). Cada cierto tiempo, estas clasificaciones se revisan, modifican y actualizan en base a los nuevos hallazgos científicos. No vamos a hacer una revisión exhaustiva de los trastornos recogidos bajo cada una de las clasificaciones, pues el objetivo de este artículo es exponer algunas de las características con las que se presenta la depresión en los niños y en los adolescentes. Si nos gustaría, sin embargo, hacer mención a uno de los trastornos propuestos en la última edición DSM 5, el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, que veremos más adelante.

Entre los trastornos del estado de ánimo podemos encontrar el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, el trastorno de depresión mayor y el trastorno depresivo persistente (distimia), entre otros.

¿Qué es el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo?

El trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo se caracteriza, principalmente, por una tendencia a mostrar irritabilidad de forma crónica, grave y persistente, que puede manifestarse mediante frecuentes accesos de cólera o por la presencia de un estado de ánimo irritable o de enfado crónico, de forma permanente entre los arrebatos de ira.

(Puedes saber más sobre el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo aquí).

¿Cuáles son las características clínicas del trastorno depresivo mayor en niños y adolescentes?

El trastorno depresivo mayor se caracteriza por la existencia de un estado de ánimo depresivo o de pérdida de interés o placer en casi todas las actividades, durante un mínimo de dos semanas. Es importante tener en cuenta que, en el caso de los niños y los adolescentes, el estado de ánimo puede ser más irritable que triste. Respecto a la pérdida de interés o placer, podemos encontrarnos niños a los que deja de apetecerles realizar su actividad favorita (ya no quieren ir al fútbol o lo hacen pero con mucho esfuerzo).

Entre los síntomas que pueden presentarse se encuentran también los cambios en el apetito (comen en exceso o menos de lo esperado) o el peso (los niños pueden no alcanzar la ganancia de peso esperada) y en la actividad psicomotora (pueden estar más inquietos o moverse más lentamente).

Es frecuente también que se presenten alteraciones del sueño, ya sea porque les cuesta más dormirse o porque duerman más de la cuenta.

También pueden aparecer fatiga y energía disminuida. Por ejemplo, puede que un niño tarde mucho más tiempo en vestirse o prepararse por la mañana o que lo haga de forma desganada.

Pueden aparecer sentimientos de inutilidad o de culpa, valorándose negativamente a sí mismos o preocupándose en exceso por errores del pasado.

En ocasiones manifiestan que les cuesta pensar o concentrarse, aunque desde fuera puede parecer que están distraídos. En los niños puede darse un descenso en las calificaciones.

También son frecuentes los pensamientos relacionados con la muerte, la ideación suicida o los intentos de suicidio, que pueden ir desde un deseo pasivo de no despertarse por la mañana o la creencia de que los demás estarían mejor si el sujeto estuviese muerto, hasta albergar pensamientos transitorios pero recurrentes de cometer suicidio o tener un plan específico de suicidio.

Esta sintomatología cursa, además, con la presencia de un malestar clínicamente significativo, o bien se encuentra alterado el funcionamiento de la persona a nivel social, académico, ocupacional o de otras áreas importantes.

Los síntomas aparecen prácticamente todos los días. A veces se puede negar la existencia de tristeza o irritabilidad, pero será en este caso el profesional competente el que lo determine.

¿Qué es la distimia?

El trastorno depresivo persistente o distimia se caracteriza por la presencia de un estado de ánimo deprimido durante la mayoría de los días y la mayor parte del día, con una duración de un año (en niños y adolescentes), no llegando a estar sin síntomas más de dos meses seguidos.

¿Qué hago si creo que mi hijo/a padece un trastorno depresivo?

Si de un tiempo a esta parte observas a tu hijo/a más triste o irritable de lo normal, no te alarmes, hay varios pasos que puedes dar para ayudarle y ponerle solución. En primer lugar, es conveniente que hables con tu hijo/a, explicándole que le notas más decaído, que estás preocupado/a y haciéndole saber que puede contar contigo para lo que necesite. Es importante que sepa que puede confiar en ti, que sea lo que sea lo que le preocupa o le ocurre, estarás ahí para escucharle y apoyarle. En segundo lugar, si la tristeza o irritabilidad exceden a lo esperable, te recomendamos que consultes con un profesional que pueda orientarte y valore si es necesario llevar a cabo una intervención psicológica.