Pautas para padres de niños/as con TDAH

Si sois padres, profesores o cuidadores de un niño con Trastorno por déficit de atención-hiperactividad, sabréis que puede llegar a resultar muy difícil lograr un comportamiento adecuado por parte del niño, sobre todo si la impulsividad es un rasgo del/la niño/a. Aquí tenéis algunas pautas que podéis poner en práctica para ayudarle a regular su conducta y algunas recomendaciones para que sepamos cómo actuar ante determinados comportamientos inadecuados.

¿POR QUÉ SE COMPORTA ASÍ?

Tenemos que tener en cuenta que estamos hablando de niños/as con un trastorno, no de un mal comportamiento aislado, por lo que resulta importante comprender por qué se comporta de la manera en que lo hace. Hay que entender que existe un problema de autocontrol, debido a una baja tolerancia a la frustración que conlleva la incapacidad para realizar actividades que no tengan una gratificación inmediata. Es por ello que los niños/as con TDAH en ocasiones no puedan reflexionar sobre las consecuencias ni ser conscientes de los sentimientos de los demás.

Además, es posible que tenga una autopercepción negativa de sí mismo/a, percibiéndose como no aceptado/a o no querido/a, lo que tendrá como consecuencia un déficit de autoestima.

En tercer lugar, podemos encontrar bajos niveles de esfuerzo y motivación, relacionados con un bajo nivel de autoeficacia, es decir, se ve incapaz de realizar ciertas tareas o actividades, unido a una tendencia a realizar atribuciones externas e incontrolables. Esto implica que tiende a creer que lo que le pasa está fuera de su control, es “culpa” de otros.

HABILIDADES DE COMUNICACIÓN

Es importante que demos las órdenes de buenas maneras, sin gritar ni reprochar o culpar. Cuando decimos “órdenes”, queremos decir oraciones en imperativo, no decimos “¿quieres hacer el favor de recoger los juguetes?” sino “recoge tus juguetes”.

Las órdenes serán claras y trataremos de descomponer el objetivo en pequeños pasos. Por ejemplo, no les diremos “recoge tu habitación”, sino “guarda los libros en la mochila, echa la ropa sucia al cesto y haz la cama”.

Trataremos de centrarnos más en sus comportamientos positivos, resaltando sus logros, por pequeños que sean. Aunque consideremos que el día ha sido “un desastre”, trataremos de buscar algún aspecto positivo que reforzar. Esto no quiere decir que no hablemos de las cosas que no se han hecho correctamente, sino que trataremos de resaltar lo positivo sobre lo negativo. Además, es importante que cuando hablemos sobre el mal comportamiento, lo hagamos en un momento en que todos estemos tranquilos, no en un momento de tensión, prisas o rabieta.

Estableceremos un conjunto de normas claras y concretas (mejor si son pocas), que deberán cumplirse y de las que informaremos al niño/a con antelación, junto con la consecuencia que tendrá lugar, tanto si se cumple, como si no se cumple. Por ejemplo, si la norma es “hacer los deberes a las 17:00, después de merendar”, la consecuencia puede ser “si haces los deberes a las 17:00, después podrás ver la televisión durante 30 minutos. Si no haces los deberes, hoy no podrás ver la televisión”. Es muy importante que las reglas estén claras y avisadas de antemano y que no se cambien de un día para otro.

Habilidad para escuchar

Cuando nuestro/a hijo/a venga a hablarnos algo, escucharemos de forma activa y eficaz, interrumpiremos lo que estamos haciendo para escucharlo con atención. Si estamos realizando una tarea que no puede ser interrumpida en ese momento, como hacer la cena, hablar por teléfono… le explicaremos al niño/a “quiero enterarme bien de lo que me dices y mientras hago esto me distraigo, espera a que termine de hacer la cena y me lo cuentas para que pueda escucharte bien y enterarme de todo”. Cuando terminemos la tarea, iremos a él/ella y le pediremos que nos cuente lo que quería decirnos.

Le escucharemos con calma, preguntando lo que no comprendemos y escucharemos hasta el final sin interrumpirle ni dar consejos, ni terminar por él/ella. Eliminaremos las distracciones del entorno (no tendremos la televisión encendida, no estaremos mirando el móvil mientras nos habla…). Le demostraremos que nos gusta su intención de comunicarse con nosotros y le diremos lo positivo, lo que hacen bien.

Informar sobre mal comportamiento

Cuando tengamos que informar sobre un mal comportamiento, escogeremos la ocasión adecuada, cuando estemos tranquilos y tengamos tiempo, pero no le diremos en el momento cada cosa que hace mal.

Utilizaremos mensajes que muestren lo que pensamos, lo que queremos y lo que sentimos, centrados en lo que opinamos de conductas concretas, sin juzgar a la persona. Tampoco realizaremos comentarios hostiles, reproches o culpabilizaciones.

Pedir la colaboración del niño/a

Cuando queramos pedirle algo, interrumpiremos lo que esté haciendo para que nos atienda (quitaremos el volumen de la televisión, pausaremos el juego de la vídeoconsola…) y le pediremos que nos mire y que atienda a lo que le vamos a decir. (Consejo: tengamos en cuenta que algunos videojuegos actuales no se pueden pausar si son partidas “online”. En este caso, podemos avisarle con antelación “tengo que decirte algo importante, acaba la partida que estás jugando y no empieces otra, porque tengo que hablarte”.

MANEJAR LAS CONSECUENCIAS DE LO QUE HACE EL NIÑO/A

Como ya tendremos unas normas de conducta establecidas, será conveniente que estén situadas en un lugar visible de la casa. Esto nos permitirá no actuar de forma permisiva, porque podremos ceñirnos a lo acordado en las normas.

Proporcionaremos una situación estructurada con rutinas y horarios constantes. De esta forma, el niño/a tendrá claro lo que debe y lo que no debe hacer, así como de las consecuencias de su conducta.

Vamos a ver algunas de las técnicas que podemos utilizar para modificar la conducta del niño/a.

Refuerzo positivo

Consiste en aplicar una consecuencia positiva a la acción del niño con la intención de que dicha conducta se repita en el futuro. No necesariamente es algo material, un refuerzo positivo puede ser un gesto de cariño, una sonrisa, una frase diciendo lo contentos que estamos, prestar atención, jugar con él/ella… Por ejemplo, si hace los deberes, después podrá ver la televisión durante media hora.

Debemos elegir bien los reforzadores que utilicemos, que sean apetecibles para el niño/a.

El refuerzo debe ser continuo (debe aplicarse cada vez que realice la conducta adecuada) y contingente (dependiente de la conducta deseada), el niño debe ver que hay una conexión entre su conducta y la conducta de los padres. Por ejemplo, reforzar con ir al parque si el profesor nos dice que ha hecho las tareas de clase, solo nos servirá si no íbamos a ir al parque de todas formas. Además, el refuerzo debe proporcionarse inmediatamente después de la conducta deseada. Por ejemplo, si ha aprobado un examen, le diremos lo orgullosos que estamos de ella; pero no nos servirá solo decirla que si aprueba todo le compraremos un patinete nuevo a final de curso.

La cantidad de reforzamiento debe ser proporcional al logro y debemos evitar la saciedad. Por ejemplo, si recoge su habitación, unos días le daremos un beso, otros días jugaremos con ella, otros le daremos una chuche… siempre utilizando los reforzadores materiales con precaución.

El/la niño/a debe saber por qué se le da el refuerzo, por lo que tendremos que explicárselo.

Es muy importante que ambos progenitores, o bien, todos los cuidadores del/la niño/a, se pongan de acuerdo en reforzar la misma conducta.

Refuerzo negativo

Consiste en retirar una situación desagradable ante una conducta , lo que hará que la conducta se repita en el futuro. Hay que tener mucho cuidado, porque es más que una técnica, el refuerzo negativo puede ser una trampa. Si la conducta del niño es negativa y le quitamos algo desagradable, caeremos en la trampa del reforzamiento negativo. Por ejemplo, si el niño tiene una rabieta porque quiere que le compremos golosinas, y se las compramos para que deje de gritar, es probable que en el futuro repita la conducta de gritar para conseguir lo que quiere.

Refuerzo diferencial de tasas bajas

Se utiliza para disminuir la frecuencia de conductas que se presentan demasiado a menudo, pero que no queremos eliminar por completo. Para aplicar esta técnica, tendremos en cuenta la tasa base de conductas que el/la niño/a lleva a cabo. Por ejemplo, se pasa el día contando chistes y gastando bromas. Le diremos que si solo cuenta chistes X veces, obtendrá una gratificación.

Puede utilizarse para conductas como: interrumpir a los demás cuando están hablando, hacer mucho ruido, levantarse muchas veces, jugar demasiado tiempo con el móvil, tablet o consola, ver demasiado tiempo la televisión…

Extinción

La extinción se utiliza cuando queremos eliminar una conducta negativa. Consiste en ignorar la conducta que queremos que desaparezca. Para poder aplicarla, es necesario previamente identificar cuáles son los reforzadores que están manteniendo la conducta inadecuada. Es muy frecuente que uno de estos reforzadores sea prestar atención a un mal comportamiento pues, aunque pueda parecernos contradictorio, los niños muchas veces prefieren que se les preste atención, aunque sea para regañarles, a que se les ignore. Esto puede conducirnos a un círculo vicioso que, con mucha frecuencia, se encuentra en la base del mal comportamiento: el niño se porta mal, conducta que se ve reforzada porque consigue la atención de los demás. Como se ha portado mal, dejamos de lado reforzarle por su buena conducta. Ante la falta de refuerzos, el niño o la niña se portará mal de nuevo para lograr atención por parte de los demás, etc.

Es importante que sepamos que cuando empecemos a ignorar una conducta que hasta ahora era reforzada con atención, es probable que la conducta negativa incremente su intensidad. Este fenómeno se conoce como “estallido de la extinción“. Si ante este incremento inicial no se ve reforzada, terminará por disminuir su intensidad y desaparecer.

¿Cuándo no aplicar extinción?

  • Ante conductas destructivas hacia personas u objetos (romper cosas o agredir físicamente).
  • Cuando veamos que el niño/a interpreta la no actuación del adulto como señal de aprobación ante su conducta.
  • Cuando la conducta agresiva es reforzada por sí misma (ej.: Pelear con otro niño y sonreír ante la expresión de dolor del otro.)

Castigo

El castigo se utiliza para eliminar una conducta negativa. Existen dos tipos de castigo, con diferentes variantes de cada uno de ellos:

  • Castigo negativo: ante una conducta inadecuada, se retira algún reforzador o elemento positivo. Por ejemplo, si no hace los deberes, no podrá jugar con la tablet.
  • Castigo positivo: ante una conducta inadecuada, se aplica algún aspecto negativo. Por ejemplo: si no recoge los juguetes, deberá recoger los juguetes y, además, recoger el resto de la habitación.

Vamos a ver ahora algunos de los tipos de castigo:

Coste de respuesta

Es un tipo de castigo consistente en retirar un refuerzo positivo que habitualmente está disponible, ante la emisión de una conducta inadecuada por parte del niño. Por ejemplo, si insulta a su hermano, le apagamos la consola.

Es importante que el niño sepa de antemano lo que ocurrirá si lleva a cabo una conducta inadecuada, por lo que no debe aplicarse a conductas que no hayan sido avisadas con antelación. Si lleva a cabo la conducta, le daremos un aviso, recordándole cuáles serán las consecuencias si no rectifica su comportamiento. Una vez aplicado el castigo, no podremos volver atrás, ni siquiera ante reacciones como llorar o pedir perdón.

Es muy importante tener cuidado de que no pierda todos los reforzadores, pues nos encontraríamos en un punto en el que no tendría nada que perder.

Tiempo fuera

Consiste en retirar al niño del lugar en el que está siendo reforzada su conducta, durante unos minutos, después de que haya presentado conductas de desobediencia, agresividad y/o oposición. Se aplica cuando no pueden modificarse las condiciones en que se da el reforzamiento.

Para llevarlo a cabo, explicaremos al niño lo que esperamos de él, las normas y que la consecuencia será tiempo fuera si no las cumple. Si incumple la norma, le daremos un aviso (Ej.: “Te recuerdo que si no recoges los juguetes te irás al tiempo fuera”). Si después de un breve tiempo prudencial no cumple la norma, se inicia el tiempo fuera, situándole en un lugar neutro o aburrido durante un tiempo (un minuto por año de edad). Lo llevaremos al lugar de forma tranquila, sin gritar, sin reproches.

Si se queda en tiempo fuera de forma tranquila, cuando el tiempo acabe, volverá a la situación y hará lo que no hizo (recoger los juguetes, pedir perdón…). Si lo hace se le refuerza, si no lo hace, volverá al tiempo fuera.

Si durante el tiempo fuera se escapa, llora, grita, insulta… primero aplicaremos extinción. Si continúa, le daremos un aviso de que el tiempo fuera volverá a empezar a contar o aumentará.

Tendremos cuidado de no reforzarle a la ida, a la vuelta o durante el tiempo fuera.

No utilizaremos esta técnica cuando sirva para escapar de situaciones desagradables (por ejemplo, si está haciendo los deberes y el tiempo fuera le permitiría escapar de ellos por un rato).

Sobrecorrección

Consiste en corregir una acción negativa (destructiva o agresiva) y añadir una acción reparadora relacionada. Por ejemplo: si no saca la basura cuando le toca, deberá hacer la misma tarea dos veces por su hermana.

La sobrecorrección puede aplicarse de dos maneras:

  • Sobrecorrección restitutiva: deberá restituir el daño originado y mejorar el estado en que estaban las cosas. Por ejemplo, si ha tirado un vaso de zumo, limpiará el zumo derramado y además la encimera de la cocina.
  • Sobrecorrección positiva: deberá practicar repetidamente una conducta positiva. Por ejemplo, si ha roto algo por ir corriendo por el pasillo, reocgerá los trozos y realizará varios ensayos seguidos andando con cuidado por el pasillo.

No reforzaremos mientras está realizando la sobrecorrección. Por ejemplo, si está recogiendo el zumo derramado, no le iremos diciendo mientras tanto “muy bien, qué limpito lo estás dejando todo”. Solo se le reforzará tras terminar la sobrecorrección.

Consideraciones respecto al castigo

  • El castigo siempre debe ser la última opción que escojamos y, en todo caso, se empezará por el castigo negativo.
  • Nunca debe aplicarse el castigo físico.
  • El castigo, al igual que la extinción, siempre debe combinarse con el refuerzo de las conductas positivas. Debemos decirle al niño/a lo que no debe hacer y lo que sí debe hacer.
  • El castigo siempre debe tener un límite temporal adecuado a la edad del niño/a.
  • Prolongar un castigo no suele dar buenos resultados, son más eficaces los castigos cortos.
  • El castigo puede utilizarse como sanción o penalización (siempre proporcional a la conducta). Por ejemplo, si ha ensuciado algo, deberá limpiar lo ensuciado y algo más.
  • El castigo se aplica ante conductas muy disruptivas, no porque ese día estemos cansados o de mal humor.

¿CÓMO ACTUAR SEGÚN LA CONDUCTA DEL/LA NIÑO/A?

Ante conductas adecuadas: refuerzo positivo.

Ante conductas cuya frecuencia queremos disminuir, pero no queremos eliminar por completo: refuerzo diferencial de tasas bajas.

Ante situaciones de poca gravedad: extinción.

Ante incumplimiento de obligaciones: coste de respuesta.

Ante intromisiones en lugares o momentos inadecuados: tiempo fuera.

Ante conductas destructivas o agresivas: sobrecorrección.


Adaptado de:

López, C.; Romero, A.; Castro, M. y Alcántara, M. (2014) Programa de intervención con padres (bloque PSICOHAEM). En: López, C. y Romero, A. (Coords.). TDAH y trastornos del comportamiento en la infancia y la adolescencia. Clínica, diagnóstico, evaluación y tratamiento .  Madrid: Pirámide

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